Una ventana al mar

Buena parte de la historia de Barakaldo desde la ya lejana Edad Media se asienta sobre estos terrenos limítrofes con la ribera izquierda del río Nervión y que por su estratégico emplazamiento jugaron un papel de vital importancia en el desarrollo del municipio. De aquí no sólo procede la herencia marinera y rural de Barakaldo, cuyas excelencias glosara el filólogo alemán Guillermo de Humboldt en una visita que realizó a estas tierras en 1801 sino, también, su tradición como centro regulador en el paso de mercancías y su papel indiscutible como eje vertebrador de los procesos de industrialización de Bizkaia.

Nos referimos a toda esa franja de tierra que transcurre entre la desembocadura de los ríos Cadagua y Galindo, una zona que ha experimentado un cambio radical en estos últimos años y en la que todavía hoy se fraguan nuevos proyectos de futuro.

De cargadero a mirador
Nuestro recorrido se inicia en un lugar emblemático de esta encrucijada de caminos que se abrían al mar. Nos referimos al Cargadero de la compañía minera Franco-Belga (Nº1) (situado muy cerca de los pilares que sustentan el Puente de Rontegi), otrora signo del empuje empresarial de toda esta comarca y que hoy día, tras su restauración, se ha convertido en monumento a este pasado industrial. Aparte de su uso didáctico, el edificio sirve ahora como extraordinario mirador desde el que contemplar una soberbia vista de la Ría. Bajo él, un paseo nos lleva hasta la rehabilitada Dársena de Portu, junto a la cual se encuentra el embarcadero que da servicio a la línea de botes que unen Erandio y Barakaldo.

Edificio Ilgner
Un poco más hacia el interior de este gran espacio y tras atravesar el nuevo trazado de la carretera que une Bilbao con Sestao (que a diferencia de la anterior ya no entra en el núcleo urbano de Barakaldo), encontramos una gran área sobre la que se asentaba buena parte de las instalaciones de la empresa más representativa del pasado reciente de la provincia: Altos Hornos de Vizcaya (AHV). Poco queda ya de aquella gran fábrica, salvo sus oficinas centrales y el Pabellón Ilgner (Nº2), un edificio de transformación eléctrica construido en 1926 que servía a las instalaciones de AHV y que, tras una cuidadosa restauración, acoge hoy día la sede del CEDEMI (Centro de Desarrollo Empresarial de la Margen Izquierda) cuyo objetivo es impulsar y catalizar proyectos empresariales innovadores.

Plaza del Desierto
Muy cerca de aquí, la nueva Plaza del Desierto (Nº3) del arquitecto Eduardo Arroyo (un rectángulo de casi quince mil metros cuadrados que en una serie de salones urbanos combina sistemas acuáticos con áreas de juegos infantiles y siete atalayas concebidas para romper la orografía plana del terreno) supone un verdadero oasis de zonas verdes en un lugar anteriormente muy degradado por los procesos industriales y que ahora se ha poblado de nuevas edificaciones residenciales.

Lasesarre
Nuestra ruta de hoy termina en el nuevo campo de fútbol de Lasesarre (Nº4), obra también de Eduardo Arroyo, un moderno estadio con capacidad para 8.000 espectadores sentados bajo techo, una obra que compite en esplendor con el nuevo y cercano polideportivo que ocupa el solar del antiguo campo, trabajo realizado por los arquitectos Jorge Muntañola y Alvaro Pérez de Amézaga.

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